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Monarquía y Capital, las 2 caras de la misma moneda PDF Imprimir E-mail
Escrito por Comité Nacional   
Jueves, 14 de Abril de 2011 09:08

Con la que está cayendo... ¿luchar por la República?

Precisamente por ello. Cada vez es más evidente que quienes realmente gobiernan no son elegidos en urnas, son grandes empresas y organismos tan poco democráticos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, entre otros, los que imponen su agenda y sus leyes a los supuestos representantes del pueblo.

El triunfo del neoliberalismo ha traído consigo la progresiva aceptación de sus premisas: desregulación del comercio y las finanzas, desregulación del mercado laboral, privatización de servicios públicos, brusca reducción del gasto social, reducción de los impuestos...

Lo que ha supuesto de facto que los derechos sociales, económicos y políticos reconocidos en la Constitución del 78 no se cumplan. Aunque se proclamen formalmente, la juventud no tiene acceso a los bienes jurídicos contemplados en la misma (vivienda, educación, empleo, igualdad, etcétera).

El marco constitucional se presenta obsoleto y no da respuesta a los problemas actuales que sufren las/los trabajadoras/es, habiéndose convertido en papel mojado todos los derechos sociales que se recogen en la Constitución del 78. Por consiguiente, como jóvenes vemos necesario dar un paso adelante y proponer la III República como marco superador.

 

¿Pero de qué tipo de República estamos hablando?

Lógicamente, la lucha por la III República en la que está inmersa la UJCE junto a multitud de organizaciones sociales y políticas no se limita a la mera elección del jefe de estado. En efecto, la monarquía y los derechos de sangre nos parecen antagónicos a la democracia, y creemos que el Jefe de Estado debe ser elegido por el pueblo. Pero vamos más allá, el movimiento por la III República reivindica un nuevo proceso constitucional que rompa con el neoliberalismo y que establezca la defensa de los derechos de las/los trabajadoras/es y la radicalidad democrática como la esencia del estado.

 

Una República solidaria y con justicia social

Proponemos un estado federal solidario, entendiendo que este es el marco que mejor puede dar respuestas a la realidad plurinacional del estado. La solidaridad financiera solucionaría las desigualdades socioeconómicas entre las diferentes regiones.

La conformación de los entes federados, iguales en derechos y deberes, debe ser expresión de la voluntad popular y no de arquitectura institucional. Por ello, la propuesta de federalismo solidario debe ir acompañada del reconocimiento al derecho de autodeterminación y libre adhesión.

Una República que sea radicalmente democrática

Nuestra propuesta republicana está indisolublemente unida a la apuesta de Democracia Participativa como forma de gobierno. La radicalidad democrática debe ser herramienta en la lucha contra el neoliberalismo y por la construcción del socialismo. Planteamos una concepción radical de la democracia que defienda los derechos de las/los trabajadoras/es, tienda a la igualdad social y se base en la participación y el protagonismo de las personas.

La Democracia Participativa tiene como cimientos el empoderamiento de la ciudadanía a través de su acción directa sobre los asuntos públicos; el sometimiento del Estado al control de la ciudadanía, haciendo transparente la gestión pública; y la contradicción entre ciudadanía y neoliberalismo: la ciudadanía debe tener herramientas y espacios en los que manifestar y hacer valer sus intereses, contradictorios con las políticas neoliberales globales.

 

Una República laica

Frente a los actuales privilegios de la Iglesia Católica, defendemos una verdadera separación Estado–Iglesia que sitúe en pie de igualdad a todas las creencias y convicciones, sean de origen religioso o no, y que reconozca y respete la independencia y preeminencia del poder político y por tanto de lo público, frente a lo que debe ejercitarse en el ámbito privado y particular de un grupo.

 

Una República que luche por la paz y contra el imperialismo

El neoliberalismo en crisis responde con una agudización de la represión y la explotación. La ocupación militar de países con intereses estratégicos, económicos y políticos, la guerra y el terror se han consolidado como mecanismos para mantener la dominación del capital sobre la humanidad.

En contraposición, la III República debe renunciar a la guerra como instrumento de política internacional, rechazando a la organización criminal e imperialista de la OTAN, y apostando por la cooperación y la solidaridad como forma de construir un mundo más justo.

Última actualización el Domingo, 31 de Julio de 2011 12:12